Es verano y hace calor. Mucho calor. Hay sequías e incendios. Es invierno y hace más frío de lo normal… o no suficiente. Debería ser normal, pero hay algo que nos dice que no lo es. Y no es tampoco cuestión de simplemente culpar al cambio climático de todo lo malo que puede acontecerle al planeta. Es cuestión de reconocer que hay un largo y muy serio impacto de lo que hacemos socialmente que está afectando negativamente al planeta.

Cambio Climático - Eficiencia Energética

No es cuestión de ponerse paranoico, ni tampoco de reaccionar de una forma sobredimensionada. Pero el simple hecho de reconocer que hay un problema, nos permite tomar medidas para impedir que el problema siga profundizándose.

En cuanto al cambio climático, científicamente resulta innegable la relación tan profunda entre el uso indiscriminado de energías fósiles y la aceleración de los cambios en los patrones climáticos de nuestro planeta.

Y las propuestas para que estos cambios se desaceleren se dirigen en muchos sentidos. Pero la palabra energía y ciertamente, el término eficiencia energética, se encuentran en el centro de muchas de estas ideas. ¿Por qué esta relación tan cercana? ¿Por qué iniciativas como la certificación energética pueden tener peso en un problema global como el cambio climático? Aquí en certificadodeeficienciaenergetica.com hemos buscado ofrecer una exploración global de esta temática.

El cambio climático y el calentamiento global

Para hablar de la relación entre cambio climático y eficiencia energética, hace falta detenernos un segundo para definir en términos generales estos dos términos. En ocasiones, podemos encontrar ambos conceptos usados en el mismo sentido, y se refieren de forma global al aumento de la temperatura promedio de la superficie terrestre. Existe un amplísimo consenso entre la comunidad científica internacional de que estos cambios en los patrones climáticos se deben principalmente al uso de combustibles fósiles, que al quemarse liberan dióxido de carbono y otros gases a efecto invernadero que saturan la mezcla de gases que compone el aire de nuestra atmósfera. Estos gases atrapan el calor dentro de la atmósfera y este calor estancado produce una serie de cambios diversos en los ecosistemas, incluyendo el aumento de los niveles del mar, eventos climatológicos incrementados y sequías que hacen más susceptibles diversos tipos de paisajes naturales a devastadores incendios.

 

La pregunta que más se ha planteado la opinión pública a nivel mundial es si este cambio climático es real. Y más allá de que la ciencia misma evita hacer juicios terminantes, sí existe un consenso muy sólido entre la comunidad científica en todas latitudes de que estas modificaciones son reales y que en una gran parte se deben a la acción humana sobre el medio ambiente.

Las causas de estos cambios giran alrededor del uso de combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón y sus derivados, que emiten una serie de gases (siendo el más representativo el dióxido de carbono CO2) que generan un efecto de invernadero que almacena el calor en la atmósfera. Otras actividades humanas como la deforestación y la agricultura, también contribuyen a estos cambios.

La presencia del dióxido de carbono no es anormal en la atmósfera terrestre: es el gas producto de la respiración de animales y otros seres vivos. La cuestión es la cantidad que existe actualmente. Entre los albores de la civilización y el siglo XIX, la cantidad de dióxido de carbono no sobrepasaba las 300 partes/por millón. En la actualidad, ya hemos sobrepasado las 400 partes por millón, más de lo que ha existido en la atmósfera en los últimos 400.000 años.

Pero el uso de energías fósiles no es la única causa del calentamiento global, el uso de la energía eléctrica de forma masiva, la contaminación de los océanos y los mantos acuíferos, todas estas acciones realizadas en gran escala y multiplicadas enormemente a lo largo y ancho del planeta, inciden negativamente en la configuración de la temperatura planetaria.

Entonces, debemos hablar de los efectos de este cambio en la naturaleza en su totalidad. La cuestión es que hasta el más mínimo cambio en los patrones de temperatura terrestre puede tener efectos muy severos. Cuando hablamos de aumentos de 2 a 4°C y parecen mínimos. Pero si pensamos que el cambio total de temperatura al finalizar la Era de Hielo fue de apenas 4°C, podemos ver cuán serio puede ser un cambio en este sentido.

Como consecuencia de estos cambios el primero que se menciona en los informes científicos es la desaparición de las capas de hielo polar que pueden llevar al incremento de los niveles del mar en diversas latitudes, la presencia más frecuente e intensa de tormentas, el incremento en la cantidad de lluvia y a la vez, la prolongación de sequías en otros momentos del año y en otras partes del planeta, estas sequías y ciertas condiciones climatológicas pueden llevar a la multiplicación de incendios forestales y olas de calor y frío con serias consecuencias humanitarias.

Aún con el gran consenso científico que existe, existen instituciones y gobiernos que sostienen que el cambio climático actual no se debe a la acción humana sino a las modificaciones naturales que vive la temperatura terrestre a lo largo de las eras. A pesar de que esta afirmación es parcialmente verdadera, es decir, la temperatura de la tierra se modifica por los ciclos de actividad solar, por su magnetismo y otros factores naturales, el incremento actual de la temperatura es demasiado acelerado para ser natural y en ello, la comunidad científica está de acuerdo casi en su totalidad (una forma excelente de visualizar este aumento tan dramático es en este web-cómic americano). Incluso los economistas alertan de la importancia de tomar medidas ahora para evitar los gastos que implicarían las potenciales consecuencias catastróficas del incremento sostenido de las temperaturas globales. Y es precisamente en este sentido que podemos observar la importancia de la eficiencia energética.

El compromiso con la eficiencia energética

A pesar de no ser las únicas, la producción y el uso de la energía son una de las principales causas del cambio climático, pues estas acciones son responsables de dos terceras partes de las emisiones de gases de invernadero a escala mundial. La importancia de la eficiencia energética es que se consiguen la misma cantidad de resultados utilizando (evidentemente), menos energía. De esta forma, se convierte menos energía en más satisfactores. La eficiencia energética no sólo ralentiza el cambio climático, sino que permite que muchas empresas y Estados ahorren en gastos, incrementa la producción de empleos y limita la emisión de gases contaminantes.

A pesar de que el compromiso internacional con la noción de la eficiencia energética existe, pareciera que éste no se ha traducido hacia una productividad energética. ¿Qué queremos decir por “productividad energética”? Sería ir un paso más allá de la eficiencia, sobre todo en términos financieros. Es medir la “ganancia” producida por unidad de energía utilizada, en una moneda (en euros, en dólares…). Incrementar la productividad energética es un compromiso tanto del sector industrial y comercial como de las administraciones locales, nacionales y continentales que puede no sólo generar empleos e implicar un ahorro de millones de millones de euros, sino sobre todo frenar la dependencia enfermiza que nuestra sociedad tiene hacia el uso de energías fósiles.

¿A quién corresponde la responsabilidad de asumir este compromiso hacia la eficiencia energética? No sólo a particulares y gobiernos, también al sector industrial y comercial, a la comunidad científica, a las organizaciones no gubernamentales. Cada iniciativa ayuda a mejorar el escenario a corto, medio y largo plazo.

Estrategias concretas desde el ámbito industrial

La eficiencia energética no es sólo una iniciativa más en el espectro de impedir que las consecuencias del cambio climático se conviertan en catastróficas. Siendo el uso de la energía uno de los elementos claves entre las acciones que han llevado a estos cambios en la temperatura terrestre, la eficiencia es una de las medidas más importantes. Por ello no resulta sorprendente que existan estrategias bien delineadas, por ejemplo desde el ámbito empresarial, con la eficiencia energética como centro para combatir las consecuencias del cambio climático.

Las grandes empresas que participan de la iniciativa EP 100 se han comprometido a redoblar su productividad energética, con lo cual adicionalmente se podrían generar ahorros económicos significativos a escala planetaria.

El duplicar la productividad energética es una meta que al ser planteada, puede ayudar a definir acciones concretas en cuanto a eficiencia energética. Entre ellas cabría destacar la coordinación de estrategias logísticas y de aprovisionamiento de materias primas, la modificación de los mercados para productos y servicios y otros temas convergentes.

Las empresas que se comprometen a reducir su huella de carbono se percatan casi de inmediato que utilizar estrategias de eficiencia energética son las que tienen un mayor impacto. Y bajo esta óptica, se convierten en el cimiento de cualquier plan para modificar el funcionamiento de una empresa con el objeto de reducir su impacto en el clima. De hecho, la eficiencia energética es un imperativo de la sustentabilidad y de la protección del ambiente.

Para optimizar este tipo de iniciativas y hacerlas realmente efectivas, es preciso:

  1. Que la eficiencia energética sea una parte integral de la estrategia corporativa de planeación de riesgo y de logro de objetivos.
  2. La compañía tiene objetivos SMART (siglas en inglés para Specific, Measurable, Accountable, Realistic and Time Bound: específicos, mesurables, responsables, realistas y delimitados en el tiempo) en cuanto a eficiencia energética.
  3. Las estrategias cuentan con un sistema complejo de medición y rastreo.
  4. Hay recursos suficientes para invertir en las metas de eficiencia energética.
  5. La estrategia muestra resultados.
  6. La empresa comunica a otras empresas sus resultados para crear sinergias positivas.

Todas estas estrategias (tanto las empresariales como las oficiales y administrativas, como las más personales tales como el certificado de eficiencia energética), pero sobre todo en el sector industrial, tienen como columna vertebral:

  1. Reducir las emisiones haciendo que se reduzca la demanda de energía, manteniendo una infraestructura eficiente, diseñando y operando centros de datos para la eficiencia energética e identificando oportunidades para utilizar fuentes renovables de energía que sean ambiental y económicamente adecuadas.
  2. Reducir emisiones en la cadena de aprovisionamiento de materias primas, vía un compromiso con los proveedores, una colaboración intensa para la reducción de emisiones, y un trabajo colaborativo con la industria informática para que los reportes sean la base de los cambios en la cadena de compras.
  3. Reducir la demanda energética de los clientes, vendiendo productos eficientes energéticamente, desarrollando aproximaciones inventivas para reducir la energía gris y entregando servicios autónomamente eficientes en términos energéticos.
  4. Reducir la demanda global de energía acelerando y patrocinando las investigaciones en la materia y mejorando la infraestructura pública, habitacional y particular.

 

Pareciera que cada pequeño paso que podamos dar (seamos sólo particulares, formemos parte de una ONG, o seamos pequeños industriales) es al vacío en un combate tan amplio como el que nos lleva a tratar de contrarrestar el cambio climático. Pero cada uno es un bloque en la construcción de una enorme pared, y los cimientos se basan sin duda en el uso eficiente y adecuado de nuestras fuentes energéticas. De ello no cabe la menor duda dado el estado actual de las cosas: cada vez es más difícil evitar nuestra responsabilidad ante las potenciales catástrofes que se nos aproximan.