Las decisiones administrativas tomadas a escala gubernamental no son la única vía para incentivar la eficiencia energética a toda escala social, pero constituyen sin duda una guía, una especie de estructura sobre la que se puede construir una política energética interesante e inteligente.

Es por ello que resulta interesante para todos los actores del sector energético observar de cerca las modificaciones que se realizan en términos legislativos a escala europea en relación al uso y consumo de energía.

Cambios etiqueta energética

Así que, si bien las novedades más recientes no se refieren específicamente a la etiqueta energética obligatoria en inmuebles, que es la especialidad de este sitio web, si nos resulta un elemento muy rico de discusión el analizar las novedades legales europeas respecto a la etiqueta energética de electrodomésticos y cómo ésta podría proyectarse en cambios futuros en el certificado energético obligatorio de casas, apartamentos y locales comerciales.

Antecedentes

La directiva “Ecoconcepción” nació en el año 2005 y fue modificada en el año 2009, y su objetivo ha sido eliminar del mercado los equipos con un pobre desempeño energético. Es a esta directiva que se debe, entre otras cosas, la desaparición de los focos incandescentes. En la actualidad existen 28 reglamentos que regulan diferentes familias de productos, tanto de uso doméstico (neveras, televisores, sistemas de calefacción), como industriales y comerciales (transformadores, ventiladores, bombas de diferente tipo).

Por otro lado, la directiva sobre el etiquetado energético, cuya primera versión data del año 1992, busca atraer los consumidores hacia los productos que consuman menos energía, haciendo en cierta medida más transparente la información que se proporciona al consumidor sobre el consumo energético de cada producto. De hecho, este tipo de etiqueta es lo que da la opción a los consumidores darse cuenta cuánta energía pueden ahorrar al utilizar tal o cual producto, incluso si ello representa un gasto más significativo al momento de la compra. Se trata, al fin y al cabo, de aparatos mejor pensados y con un aislamiento mejor diseñado.

En una primera época la etiqueta energética se limitaba a los electrodomésticos, pero poco a poco fue abarcando otros sectores y de esta forma la reconocida etiqueta con flechas y colores de la A a la G se fue extendiendo desde el año 2011, a la electrónica, los automóviles, apareció la obligatoriedad del certificado de eficiencia energética para inmuebles y locales comerciales, para la refrigeración comercial y profesional, entre muchos otros elementos.

Esta expansión del uso de la etiqueta energética ha tenido resultados muy interesantes y sorprendentes, por ejemplo, del año 2004 al 2014 se redujo en una cuarta parte el consumo energético de todos los dispositivos de refrigeración-congelación vendidos en Europa. También permitió prácticamente eliminar del mercado todas las neveras y congeladores que tenían una clase inferior a A+, de un 95% de las ventas en el año 2004, han prácticamente quedado en ventas marginales menores al 2% en el 2014.

El efecto global de estas medidas también es algo que vale la pena analizar. La propia Comisión Europea ha evaluado el impacto de la etiqueta energética y hacia el horizonte que representa el año 2020, son impresionantes. El ahorro en economía primaria es significativo y se traduce en un 7% de emisiones de invernadero menos. Eso y un 18% menos de gasto en energía en todos los bienes cubiertos por los dispositivos de etiquetado energético.

También hay una economía a escala de los consumidores: 122 millones de euros ahorrados al año 2020, ya tomando en cuenta la amortización del gasto inicial. Inclusive hay una creación de empleos ligados directa o indirectamente a la “industria” de la eficiencia energética (se calcula que alrededor de 800.000).

Está también la mejor calidad de vida y salud de las personas, puesto que hay una disminución en la contaminación debido a la reducción en el uso de energías fósiles.

(Los estudios que mencionan estos datos impresionantes sobre el impacto de la etiqueta energética en el ahorro de energía se pueden consultar en este link, en inglés)

Cómo se complica el panorama

Podríamos decir que todos estos excelentes resultados motivarían a instituciones a profundizar con estas medidas. Pero no forzosamente sucede así. La cuestión es que la parte más representativa de estos ahorros y cambios drásticos se habrán presentado entre el año 2010 y el año 2020. Más allá de este periodo, los avances se darán de forma más pausada. Tranquilamente y conforme las medidas cumplan con su potencial, habrá mejoras en cuanto al ahorro energético, pero ya no serán tan drásticas, a menos que haya más y nuevas propuestas de ley.

Si la idea expresada por el Parlamento Europeo es de disminuir en un 40% las emisiones de gases de invernadero entre los años 2020 y 2040, es preciso continuar afinando medidas y detalles que motiven a la toma de conciencia y acciones que permitan seguir avanzando, cada vez con mayor profundidad en la ruta de la eficiencia energética.

Este camino es complicado porque hay muchos intereses mezclados en el difícil mercado de la energía.

El propio certificado de eficiencia energética se ha utilizado hasta ahora no sólo como un elemento “obligatorio”: es una promesa de ahorro para los consumidores en distintas formas. Por ejemplo, hay ayudas impositivas y tarifarias para los consumidores que invierten recursos en aislamiento térmico y renovación de sus sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria, pero estas medidas van perdiendo impacto conforme cada vez más hogares europeos cuenten con una infraestructura energéticamente eficiente. En ese momento, las directivas europeas deberían ser aún más punzantes, pero quizá ni los grandes actores del mercado ni los consumidores estén listos.

Algunos pasos interesantes

En junio del 2017 el Parlamento Europeo adoptó en primera lectura una nueva legislación referente a la etiqueta energética de electrodomésticos. Ésta incluye una nueva escala de la A a la G y la creación de una base de datos de productos para que exista una vigilancia más intensiva del mercado y menos fraudes al consumidor.

Ya existía el precedente de una proposición para la revisión de la etiqueta energética desde junio del 2015, porque el sistema en que se habían añadido calificaciones A+, A++ e incluso A+++ desde el 2010, ha reducido la eficacia del dispositivo. Se ha hecho más complicado para los consumidores distinguir los productos con mejor desempeño. Parece que comprar un producto A+ es suficiente para adquirir uno de los más eficientes del mercado, pero no es así.

Además de re-simplificar el sistema, el texto adoptado añade una herramienta interesante para los consumidores: una versión en línea con información adicional sobre el producto. Así mismo, existe una obligatoriedad para el fabricante de informar a los consumidores si hay actualizaciones disponibles para mejorar a posteriori la eficiencia energética de su electrodoméstico.

Es decir, a raíz de esta modificación el consumidor contará con una herramienta de información electrónica clara a inteligente, con datos continuamente accesibles que les permitan emprender acciones con conocimiento y valoración de la información adquirida.

Base de datos pública

Una novedad interesante en esta modificación legal a escala europea es que la Comisión deberá crear una base de datos técnicos de los productos para ayudar a las autoridades nacionales a supervisar el cumplimiento de la propia normativa, además de un portal en línea que proporcione a los consumidores información adicional sobre los productos. Además, las normas con las que se probarán los productos buscarán una mayor conexión con las condiciones reales de uso de los aparatos.

Los ahorros que se prevén en cuanto a energía por la implementación de esta nueva legislación se calculan en 200 Tera vatios por hora (TW/h), que es un ahorro significativo.

Las nuevas etiquetas deberán irse utilizando de forma escalonada de acuerdo con diversas categorías. El Parlamento Europeo prevé que las primeras etiquetas acordes a esta nueva normativa estén disponibles desde finales del año 2019.En realidad, no hay un acuerdo común entre la Unión Europea y las autoridades nacionales, así que cada país legislará de acuerdo con sus propias necesidades, pero se otorga un plazo en el que el viejo sistema y el nuevo coexistirán hasta homogenizar nuevamente la oferta del mercado.

Elementos que pulir legislativamente

Hay un cierto malestar porque las organizaciones ecologistas sienten que la estrategia de escalonar lentamente la implementación de esta legislación podría impedir que cumpliera con sus objetivos planteados. El propio ritmo del avance tecnológico y de mejora en la industria puede hacer que las exigencias fijadas en la nueva etiqueta energética sean superadas en menos tiempo del que prevé el escalonamiento en su implementación.

Otro elemento que podría mejorarse en este tipo de normativas es que aún no se ha incluido la obligatoriedad de una compensación para los consumidores que compran un producto cuya etiqueta no se corresponde realmente con el desempeño energético del aparato (aparato y etiquetado no conformes).

Ello permitiría que los consumidores recibieran una compensación económica cuando hubiera fraude o abuso de algún tipo. De hecho, sería un avance significativo no sólo en el etiquetado de aparatos electrónicos y electrodomésticos, sino en todo el sistema de etiquetado energético. Ello empujaría más a los consumidores a no intentar realizar fraudes en procesos como el del certificado energético obligatorio en inmuebles.

Aun así, resulta interesante que al menos se sigan proponiendo mejoras y actualizaciones en la legislación europea de etiquetado energético.

El problema no es sólo la existencia de lagunas en la legislación en sí misma, o la sensación de que ésta no va tan lejos como podría ir, sino que, si fuese más aguda o profunda, quizá los consumidores podrían sentirse obligados, manipulados y forzados a comprar cosas más caras.

lavadora etiqueta energética

Pero de hecho la idea es hacer las cosas más transparentes. Conforme a este nuevo etiquetado, ningún producto que actualmente se encuentre en el mercado tiene categoría A. Ello forzará a la innovación, activará el mercado, modificará los parámetros de consumo. Si hay malestar, ello debería compensarse con el hecho de que el etiquetado será más honesto y permitirá visualizar mejor el ahorro realizado.

Puntos que recordar:

  • El etiquetado energético nuevo abarca a los siguientes productos: neveras, lavarropas, secarropas, lavavajillas, televisores y lámparas, desde el año 2020. Habrá que esperar al año 2025 para que el resto de las categorías como secadoras, resistencias eléctricas, calefacción, ventiladores, etcétera.
  • El plazo para que entre en efecto es de ocho años.
  • No afecta para nada a la certificación energética de inmuebles.

Esperemos que esta iniciativa forme parte de una construcción más compleja y que se vayan afinando más detalles en las normativas que visualizan afinar legalmente el uso cada vez más eficiente de la energía en Europa.

Evidentemente, no se puede esperar que solamente las medidas oficiales nos lleven a repensar el uso de la energía, pues ello también es un trabajo cotidiano que debemos construir como sociedad, entendiendo que no sólo es necesario ahorrar la energía, sino utilizarla con mayor eficacia, porque es la única forma de auténticamente economizar y tener un impacto negativo menor en nuestro planeta.