El Certificado de Eficiencia Energética o el caos

Desde la entrada en vigor del Real Decreto 235/2013 sobre Certificación Energética los despropósitos y el caos reinantes por parte de la Administración se suceden sin parar.

Primero fue una total falta de información a propietarios de inmuebles y a todos los agentes que intervienen en el proceso de venta (o alquiler). Aún hoy los propietarios de inmuebles siguen sin entender el por qué y el para qué del "certificado ese". Si no lo entienden y no lo quieren: ¿Por qué van a querer pagarlo?. Desde luego, pagarlo a la hora de ponerlo en el mercado: NO. Dicen: "Ya lo pagaré cuando venda la vivienda y me lo pida el Notario para hacer la Escritura". Se entiende con esto que los propietarios de inmuebles han considerado el Certificado de Eficiencia Energética, y lo siguen considerando, como un impuesto más.

Esta actividad ha dejado en jaque a todo el conjunto de Agencias Inmobiliarias que se ven en la tesitura de sacar al mercado las viviendas (u otros locales) sin el correspondiente certificado energético; asumiendo unos riesgos que no les corresponden, ya que la decisión de no hacer el Certificado no la han tomado ellos. Claro que el Estado no parece darse por enterado de lo que sucede y parece decir: "Pues que retiren del mercado las viviendas que no poseen el certificado de eficiencia energética preceptivo según la ley". Debo suponer que dicen eso, pues la verdad es que no dicen nada. Teniendo en cuenta que cerca del 95% de los inmuebles en el mercado carecen de certificado energético, ¿podrían las Agencias Inmobiliarias retirar del mercado estos inmuebles? ¿Qué sucedería si expusiesen solo el 5% de los inmuebles que se pretenden vender o alquilar, con la poca actividad que tiene el sector?. ¿Debemos pedirles que se suiciden empresarialmente?. ¿No puede el Estado remediar el caos que ha generado, o sí puede, pero le da igual?.

Otro aspecto no menos importante de este tema es el de los Técnicos cualificados para emitir el certificado de eficiencia energetica. Parece que todo vale: Arquitectos, Arquitectos Técnicos, Aparejadores, Ingenieros de la Edificación, Ingenieros en general, Ingenieros Técnicos en general. Pero no olvidemos lo siguiente: el certificado energético a realizar es para edificios o partes de edificios existentes. Por otro lado, los Ingenieros e Ingenieros Técnicos son de tan variados sectores como los siguientes: Minas, Aeronáuticos, Navales, Agrónomos, Forestales, etc.

Parece que el Legislador se ha dicho: "¡Que trabajen todos!". Y se ha ido a su casa con la satisfacción de haber mejorado el país, y de paso las estadísticas de empleo. ¡Un golpe maestro!. Pues no, señores, no han mejorado nada. Si el mercado a certificar es un 5% aproximádamente del existente, quieren repartirlo entre cientos de miles de Técnicos que en España no tienen casi trabajo (muchos de ellos se están marchando). Entre Técnicos que en la mayoría de los casos poco o nada tienen que ver con los "edificios existentes" a certificar.

El resultado de todo esto vuelve a ser el caos. Una carrera por ver quién lo hace más barato y en menos tiempo. ¿Qué ha sido de la intención de tener en España Técnicos de calidad?. Aparecen en el mercado ofertas como: "Su Certificado Energético en 24 horas por 49 €". O bien, "Obtenga su Certificado Energético con la máxima calificación" (este asunto de gran interés lo trataré en artículos futuros). Y el Estado lo ve indolente o complacido, si no fuera así, haría algo al respecto.

En resumen: Como el propietario solo quiere el "Certificado ese" para que el Notario le pueda hacer la Escritura de compraventa, se lo puede hacer cualquiera y de cualquier modo (¡por fin algo de lógica!). El propietario que no sabe por qué ni para qué, puede decir: Tengo los papeles por un precio irrisorio, puedo ir al Notario: misión cumplida.

La Administración debería tomar decisiones que corrijan esto inmediatamente, debería haberlo hecho ya. Debería convertir este asunto en algo con sentido, y no como es ahora: algo consentido.

Deberíamos fijarnos en nuestros vecinos europeos como Alemania (donde hay que irse ahora a buscarse un presente y un futuro), y trabajar y producir como ellos; pretender dar y demandar calidad.

Dejemos de vender la "Marca España" (que solo vendemos humo) y cultivemos la calidad, la organización, los proyectos reales y con futuro. Dejemos de ser, otra vez, los parias de Europa y seamos Europa.

Pero parece que a nuestros gobiernos y parlamentarios les preocupan otras cosas...

Como tantos otros, en este tema me siento abochornado, impotente, desmoralizado. Me duele que sigamos siendo los maestros de la improvisación y la chapuza. Me siento, otra vez, como Unamuno cuando nos decía: "Me duele España"...

Javier Ruescas Redondo. Arquitecto.

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