Todavía no hay conciencia de mirar la eficiencia energética

Por parte de los vendedores o arrendatarios, el certificado de eficiencia energética todavía es visto solo como un impuesto más, un trámite más, un papel más al que no se le hace caso, cuya única finalidad es recaudar, en definitiva un gasto más y lo hacen por obligación, por la falta de información.

Hasta ahora se le daba más importancia a una vivienda su situación, su entorno, si se encontrara en el centro de tal ciudad, para apartamentos que estuvieran cerca la playa y con unas manos de pintura todo parecía solucionado, listo para vivir y vender. El  mercado dominaba y se encargaba de poner los precios en cada zona.

El certificado energético no es aun prueba central de venta, ni tampoco un criterio que los compradores tengan en cuentan a la hora de elegir su futura vivienda. Todavía no hay conciencia de mirar la eficiencia energética como un elemento para la elección. La norma es muy reciente. El Certificado es una referencia para que el propietario de la vivienda conozca el gasto energético que tiene y la forma de reducirlo. A los inquilinos o compradores les sirve de referencia para elegir.

Al igual que a la hora de comprar cualquier electrodoméstico nos fijamos en la letra que aparece en la etiqueta, para saber cual es más eficiente, cual consume menos, en una vivienda es prácticamente lo mismo por ese mismo criterio, se irá implantando y todos los consumidores se irán concienciando, con el informe que se emite se califica el gasto energético de una vivienda. Se puntúa con letras, de la A (más eficiencia) a la G (de mayor consumo energético). El documento tiene diez años de validez e incluye una serie de consejos para ahorrar energía por el técnico certificador. De esta forma una casa en alquiler puede ser más cara que otra de parecidas características, pero que su mantenimiento sea más económico.

La inmensa mayoría se preguntan: ¿Y ahora voy a tener que gastarme dinero en reformar mi vivienda? No es necesario cumplir ninguna calificación mínima, la obligación es tener dicho certificado a modo informativo, para que el consumidor sepa qué tipo de vivienda está alquilando o comprando. Se trata darles una información clara de costes y ahorro, p.e. como consumir menos kilovatios e informar la contaminación emisiones de CO2, que realmente es lo que le importa a la gente. Tratándose de conseguir menos gasto y menos emisiones.

El certificado energético lo tiene que firmar un técnico certificador cualificado. Para realizar un certificado es “obligatorio” que el técnico visite dicha vivienda para evaluar una serie de consideraciones importantes a tener en cuenta:

La envolvente (la calidad de los cerramientos, dimensión de los muros): orientación y sombreamiento (para determinar cuánta luz entra al inmueble, lo que influye en si es más o menos cálido), los muros (su grosor y composición), el tejado (en caso de áticos y viviendas unifamiliares), el suelo (en caso de bajos y unifamiliares), paredes y forjados, los materiales de las ventanas, puertas, chimeneas y otros huecos donde pueda haber escapes de frío o calor. Por otra parte las instalaciones que se integran en la vivienda sistemas de generación de energía: la calefacción, el aire acondicionado y el agua caliente sanitaria, (el consumo de energía de las instalaciones).

Para que un certificado de eficiencia energética sea válido es necesario que se haga por un profesional habilitado. Carecerá de valor los que se haga sin visita in situ a la vivienda u online, o con información telefónica. Por otra parte para evaluar correctamente y obtener resultados reales sería necesario realizar catas en los cerramientos para comprobar materiales, aislamientos, etc., no siendo recomendable hacerlo todo por defecto, cuanto mayor datos se nos aporte más fiables serán los resultados finales, además por otra parte nos puede servir de ayuda el año de la construcción y teniendo en cuenta la normativa vigente del año de construcción.

En la actualidad la mayoría de las viviendas existentes, cuentan con una letra D o una E esto es un consumo medio. En condiciones más desfavorables son las letras F y G las viviendas tienen unos consumos elevados de energía (con mayor emisión de CO2).

Se estima que entre dos viviendas de las mismas dimensiones el ahorro energético entre una calificación A y una calificación G puede ser del 70%.

Una vez obtenida la calificación energética por el técnico se proponen una serie de medidas de mejoras, considerando la zona geográfica, una de las más habituales es reforzar el aislamiento de muros reduciendo así la pérdida de calor a través de los cerramientos siempre y cuando sea viable técnicamente. En este sentido, hay que tener en cuenta la orientación y la zona donde está el edificio. Una casa en Alicante seguramente necesite sombrear más, para evitar el calor en verano; y un inmueble en Madrid, requiera mejorar los aislamientos, para no perder calor en invierno,

Las ventanas son otro punto decisivo, térmicamente y a su vez acústicamente. Por ellas, si los materiales son de baja calidad, se pierde o gana temperatura. Sustituir los vidrios o el marco puede hacer una gran diferencia en términos de ahorro energético, o colocar contraventanas. El otro elemento es cambiar (si es necesario) es la caldera. Las calderas de baja temperatura y de condensación tienen mejores rendimientos, así como en viviendas unifamiliares aisladas colocar una caldera biomasa, es lo más recomendable.

Los materiales empleados en la ejecución han variado, las normativas aplicadas cada vez son más exigentes en beneficio a la nueva construcción todo en beneficio a favorecer a las nuevas construcciones, calidad de vivienda y de vida. Cuando el aislamiento y las instalaciones son buenos, se favorece el confort de la vivienda. Es evidente que las viviendas antiguas que no han sido reformadas recientemente son menos eficientes, tendrán una calificación inferior, a la hora de la venta un precio más bajo y el certificado de eficieciencia energética le puede servir como guía y recomendaciones para hacer reformas.

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