Impacto del Certificado Energético. Trámite u oportunidad

Aún no se ha aprobado la medida y es difícil anticipar cómo repercutirá en el ámbito del mercado inmobiliario minorista la exigencia del certificado de eficiencia energética en dos supuestos diferentes. En primer lugar desde el lado del propietario de pequeñas carteras de inmuebles en alquiler o en venta ante una posible baja calificación energética. En segundo lugar desde el lado de un posible comprador o arrendador ante un buscador web en el cual es posible filtrar los inmuebles por su calificación energética. La repercusión es una incógnita, difícil predecirlo sin duda.

Hay que tener en consideración que más del 40% del total la energía consumida está destinada a inmuebles. Y que el parque inmobiliario es heterogéneo, en su demanda energética. Atendiendo a su antigüedad, calidad constructiva, no existía normativa que obligara a aislar térmicamente antes de 1981, y las diferentes instalaciones implementadas en éstos para generar confort fundamentalmente agua caliente, calefacción y refrigeración. Así pues las previsiones y datos ya disponibles indican que habrá abundancia de Calificaciones bajas D, E y F.

El debate es: ¿Se trata de un obstáculo más a salvar ante la eventualidad de un alquiler o una compraventa es decir: un –trámite- a salvar con el coste mínimo posible?. ¿O bien se trata de una -oportunidad- para implementar medidas eficaces con el fin de conseguir a medio plazo que el parque inmobiliario sea más eficiente en su demanda energética, reduciendo costes y ayudando así al cumplimiento del compromiso de Kyoto?.

Así pues una visión más amplia el CERTIFICADO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA debería ser considerarlo como una herramienta para conseguir mediante datos fiables, que la Calificación otorgada sea optimizada en dos aspectos.

  • El primer aspecto, más inmediato a corto-medio plazo, como un instrumento para mejorar la Calificación, mediante un coste asumible, que retorne con beneficios tangibles, como cualquier inversión, mediante datos numéricos con plazos y cifras concretas, mediante inversiones en mejoras de la envolvente térmica y, o instalaciones, para un menor y eficaz coste energético, produciendo por tanto menos emisiones de CO2.
  • El segundo aspecto, más intangible y comprometido con el medio-ambiente, por tanto más altruista y no exento de visión a largo plazo, haciendo propias términos que se han puesto de moda como sostenible, ecológico, reciclable, bajo consumo, recursos limitados. Los cuales hasta ahora parecía estaban en manos grandes empresas y corporaciones multinacionales. Tomándose al respecto, por tanto, una posición pro-activa.  

Si bien podrá discutirse si coyunturalmente para España es el mejor de los momentos, sus compromisos por la pertenencia al marco Europeo lo hacen ya ineludible e inaplazable. Países de nuestro entorno, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Portugal… ya lo tienen implantado. No hay que dejar de lado el efecto dinamizador que en el sector de la construcción puede conllevar, las muchas aunque pequeñas, medidas de rehabilitación necesarias para la mejora de la Calificación Energética.

Es obligatorio mencionar que la interacción entre el Técnico que emite el Certificado y la Propiedad de los inmuebles podrá jugar un papel fundamental en el desarrollo de esta medida y especialmente ante una baja Calificación. Pues al margen de la obligatoriedad del propio Certificado, que ya propone medidas valoradas de mejora, y de la consecuente generación de hipotéticas nuevas Calificaciones en diversas alternativas; aquel podrá asesorar e interpretar sobre cuales pueden ser las prioridades y medidas más eficaces en una segunda lectura del Certificado.  

Es importante saber que la aceptación de presupuestos con bajas temerarias arrojarán ineludiblemente Calificaciones más bajas. Ya que debido una toma de datos in situ, inevitablemente apresurada e inexacta, derivará en el abuso de la introducción de datos, tanto de la envolvente térmica como de las instalaciones, en los programas homologados en el modo -por defecto- o –estimado- en lugar de –conocido-, y conllevará parámetros conservadores, minorándola por tanto.

La conclusión es como indicábamos al principio difícil de prever. Así pues nos encontramos ante un trámite que puede convertirse en una oportunidad si se utiliza convenientemente la herramienta: “CERTIFICADO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA”.

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